Además, se han encontrado recientemente metales radioactivos
en el humo del cigarrillo, como el Polonio Radioactivo-210. También
contiene ¡Plomo-210!, ambos metales radioactivos y altamente
tóxicos así como Radón, un peligroso gas
radioactivo.
Entre otras enfermedades, ocasiona gastritis, úlceras,
asma bronquial, inflamación constante e infecciones de
las vías respiratorias; afecta la producción de
insulina, detienen el movimiento ciliar en las células
de la mucosa bronquial, lo que impide que actúe el mecanismo
de defensa del aparato respiratorio;
A
las mujeres fumadoras las puede afectar con un mayor
riesgo de infertilidad,
retraso en la
concepción, adelanto de
la menopausia, incremento de osteoporosis y riesgo de fractura
de cadera; y en caso de embarazo corre el peligro de placenta
previa y parto prematuro. Los efectos directos que se producen
en la madre como trastornos de la circulación, taquicardia
y aumento de la presión sanguínea, influyen también
en el feto. Los efectos producidos en los bebés de madres fumadoras
son: bajo peso al nacer, prematuréz, aumenta el riesgo
del síndrome de muerte súbita, mayor riesgo de
enfermedades respiratorias, asma infantil, retraso en el crecimiento
posnatal y en el desarrollo cognitivo a más largo plazo.
Los efectos tóxicos en los fumadores pasivos, que son
aquellas personas no fumadoras que están expuestas a
respirar los productos de combustión del tabaco en ambientes
cerrados, son tantas y tan nocivas como en el fumador mismo.
El fumador pasivo absorbe numerosas substancias tóxicas
como hidrocarburos aromáticos, nitrosaminas, metales
pesados, gases venenosos, residuos de pesticidas y elementos
radioactivos, muchos de ellos en mayor cantidad que los encontrados
en la corriente principal –el fumador- .
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