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MITOS Y VERDADES ALREDEDOR DEL TABACO

Se ha dicho mucho sobre los efectos del tabaco en el organismo y existen muchos mitos en los que la gente cree. En muchos casos la verdad es otra. He aquí algunos de ellos:


¿ El tabaco es un hábito o una adicción ?

Ambos. Es un hábito, puesto que fumar es una actividad que se repite una y otra vez, hasta que se convierte en un acto automático. Y es un adicción porque el organismo reclama la dosis permanente de nicotina, que es el ingrediente más adictivo del tabaco, para satisfacer su urgente y constante necesidad de ella, al igual que sucede con la cocaína o la heroína. Es por ello que el fumador se convierte fácil y rápidamente en adicto a la nicotina.

Al mismo tiempo es una conducta socialmente aceptada, permisiva, lo que genera una actitud de imitación entre los niños y adolescentes, en tanto no haya leyes que prohíban definitivamente su uso, aunque actualmente hay muchas restricciones para fumar en ciertos lugares como estadios, aviones, áreas restringidas de hoteles, restaurantes y otros lugares públicos. También está siendo advertido el fumador en la publicidad del cigarrillo sobre varios de los riesgos y daños del tabaco en el organismo humano.

El tabaco “calma” los nervios.

¿Es esto cierto? No realmente. Inhalar el humo del tabaco produce una reacción en cadena en el organismo humano. La nicotina entra por los pulmones y llega en pocos segundos al cerebro. Esto hace que el corazón bombee más rápido la sangre, aumentando los latidos y la respiración. La sensación de que calma los nervios es debido a que cada vez que se inhala el humo se satisface la adicción por la nicotina. El fumador se tranquiliza cuando ha llenado cierta dosis de nicotina, ya que es un ciclo que se repite una y otra vez.

La sensación de “calma” no es porque la nicotina en si tranquilice, sino porque la nicotina como droga hizo el efecto de satisfacer una necesidad del organismo. Entonces convengamos que lo que calma el tabaco es la ansiedad por recibir una dosis habitual de nicotina,

El tabaco “ayuda a pensar”.
Esto tampoco es cierto. Esta es una situación similar a la anterior. Cuando el fumador tiene ansiedad, nerviosismo o angustia, no puede concentrarse ni pensar con claridad. Enciende un cigarrillo y enseguida siente que se relaja con las primeras inhalaciones, pero esto es por el efecto adictivo que ejerce la nicotina sobre el cerebro.
El tabaco “a mi no me hace daño”.
Hay organismos más resistentes que otros al daño que ejerce el tabaco en todo el cuerpo. Existen adultos fumadores que su trabajo es manual o corporal y en consecuencia están ejercitando constantemente su organismo, el cual se mantiene más activo que el del fumador sedentario de escritorio, y esto únicamente hace que se elimine más rápido su nivel de nicotina acumulada. Pero la única verdad es ésta: el tabaco es dañino para todo el mundo. Para todos los órganos del cuerpo. No hay nadie a quién el tabaco le otorgue algún beneficio a su salud.
A mi me es” imposible” dejar de fumar.
Esto no es cierto. Cualquier persona que busque la ayuda apropiada puede dejar de fumar. La mayor parte de los fumadores que se resisten a dejar el tabaco es porque han tenido uno o varios intentos por dejar de fumar sin ayuda de ninguna clase o lo han hecho siguiendo un procedimiento incorrecto. Si uno sigue el tratamiento adecuado, antes, durante y después de haber dejado el tabaco, no tendrá ningún problema en abandonarlo de por vida.
Menos de “10 cigarrillos no hacen daño”.
Falso. Hay abundancia de estudios acerca de que el daño de la nicotina es acumulativo. Hay personas que después de 20 o 30 años de fumar aun cantidades menores, entre 3 y 6 cigarrillos al día, llegan al momento de enfrentar las consecuencias. La advertencia sobre los daños que aparece en el paquete de cigarrillos es real. Está comprobado exhaustivamente que el tabaco tarde o temprano enferma o mata al fumador. El cáncer pulmonar, el enfisema, los problemas del corazón y otro sinfín de enfermedades derivados de la adicción al tabaco son reales, sin importar si son 5, 10 o 40 cigarrillos al día. El daño siempre aparecerá tarde o temprano. Es cuestión de tiempo.

Pero hay una buena noticia para el fumador: Si deja de fumar en forme definitiva, debido a que suprime el factor que causa el daño acumulativo, logrará en muy poco tiempo recuperar un nivel de bienestar corporal y mental, como el que existía antes de convertirse en fumador. Pregunte a cualquier amigo o familiar ex fumador que ya lo ha logrado: La diferencia es gigantesca.

Haciendo deporte “se elimina la nicotina”.
¡Por supuesto que se elimina! Pero esto no significa que el deportista fumador se libere del daño que le hace el tabaco a su cuerpo. Dependiendo de la cantidad diaria que fuma, el deportista lo que elimina es únicamente una pequeña porción de la nicotina que mantiene acumulada en su cuerpo. Además, si fuma y hace deporte su rendimiento es generalmente menor que si no fumara y en consecuencia tiene que hacer un esfuerzo mucho mayor que los deportistas no fumadores, para compensar la disminución de resistencia física que le ocasiona el tabaco.
Cuando yo quiera “puedo dejar de fumar”.
¿Será cierto? Si el grado de adicción es muy fuerte esto no es fácil de ninguna manera. Por supuesto que si uno toma la decisión de dejar el tabaco, ya ha peleado consigo mismo y ha ganado la mitad de la batalla. Para ganar la otra mitad, en la gran mayoría de casos se necesita ayuda, para no volver a reincidir. Es por esa razón que se hace indispensable utilizar algún programa eficiente que le permita al fumador dejar de fumar. Sin ayudas de alguna clase, hay un porcentaje muy pequeño que podría lograrlo únicamente con fuerza de voluntad, pero es el camino más difícil y el que ha generado mayor número de intentos que fracasan.
Yo no soy adicto. “Fumo sólo cuando quiero”.

Esta es una verdad a medias. Si la persona no compra tabaco y solo acepta a otros algún cigarrillo muy ocasionalmente, digamos una o dos veces al mes, por ejemplo sólo cuando está en fiestas y se pone a echar humo como murciélago sin llevarlo a los pulmones entonces convengamos en que no es fumador. No es adicto. Pero el que dice que fuma sólo cuando quiere, pero sin embargo compra y mantiene cigarrillos y fuma con alguna frecuencia, es adicto.
Yo necesito fumar “para estar estable” emocionalmente.
Es natural. El fumador se vuelve inestable, nervioso y un alto porcentaje de ellos hasta se pone de muy mal genio cuando no puede alcanzar su dosis habitual de nicotina. ¿Ha oído de personas que se levantan a la media noche a comprar cigarrillos? ¿O aquellos que vuelven a prender una colilla, porque ya se le terminó el paquete? O aquellos que le piden ¡hasta a desconocidos! un cigarrillo? Esa falsa “estabilidad emocional”, no es otra cosa que un estado de ánimo diferente cuando el fumador satisface la urgente necesidad de nicotina. La buena noticia es que si deja de fumar para siempre, no va a necesitar más del tabaco para estar estable.
Tío Jaime “fumó toda su vida” y murió de otra cosa.
Todos conocemos a alguna persona que toda su vida fue adicta al tabaco y que murió de otra cosa. Por supuesto que esto puede suceder, pero el daño del tabaco en su organismo siempre estuvo presente. Si usted tuviera oportunidad de ver la autopsia de pulmones de un fumador y los de un no fumador, notaría una diferencia sorprendente: Los pulmones del fumador son negros, con apariencia de estar quemados, carbonizados. Los de un no fumador son rosados, limpios.

No hay que equivocarse. El tabaco mata por miles. Más que las muertes en las guerras convencionales. Sólo en Norteamérica la estadística es de 450,000 personas que mueren anualmente a causa del tabaco.

No existe ninguna justificación o evasiva para mantenerse adicto al tabaco, no existen excusas. Y para salvarse de éste flagelo, la única solución es dejar de fumar y para siempre.