Me case a los veintidós años. Cuando ya tenía
veinticinco, empecé a sentir los efectos negativos del
tabaco. Para entonces fumaba un paquete diario. Sentía
cansancio, tenía poca resistencia a los resfriados,
la respiración agitada y la ropa pestilente a nicotina.
Luego vino la primera voz de alerta. Hacia los treinta años
de edad, cada vez que daba un “chuponcito” al cigarro
principié a sentir un leve piquetazo en el pulmón
derecho. Esto comenzó a preocuparme, ya que presentía
que el tabaco me estaba perjudicando la salud más de
lo que yo pudiera pensar.
Entonces fue cuando comencé a hacer mis razonamientos
iniciales acerca del daño que me estaba causando el
tabaco y a partir de allí, hice mis primeros de muchos
intentos por dejar de fumar. Sin embargo no tenía ningún
plan premeditado para hacerlo y cada vez que lo intentaba,
al poco tiempo, abatido y frustrado regresaba al cigarrillo
descontroladamente y con más ganas.
Así fue como la necesidad de dejar el tabaco definitivamente
me obligó a recurrir en busca de ayuda. Durante las
subsiguientes veces, cada vez que intentaba dejar de fumar,
ensayaba alguna nueva idea o alguna táctica diferente,
que representara material de apoyo, en especial a los sentidos
del gusto, el
olfato y el tacto, los más directamente involucrados
con el acto de fumar; algo nuevo y útil que me proporcionara
soporte para seguir con mi decisión. Sin embargo, con
el paso de los días, por falta de un programa integral
que me ayudara a darle seguimiento a la decisión de
no fumar más, volvía nuevamente a ceder y regresaba
una y otra vez al cigarrillo.
Dentro de éste esquema, después de unos treinta
intentos fallidos por dejar de fumar, llegué a los cuarenta
y tres años. Ya muy disgustado conmigo mismo y con la
nicotina, pensé “¿y porqué no reunir
todos los elementos que en una y otra forma me han ayudado
cada vez que lo he intentado y utilizarlos todos al mismo tiempo?” ¡Y
así lo hice! Yo mismo quedé sorprendido de los
resultados. A ese momento ya había incorporado material
de apoyo para los otros sentidos, de la vista y el oído.
De esa forma fue como nació lo que más adelante
sería el Método de los Seis Sentidos, que me
permitió, gracias a Dios, ¡dejar el tabaco para
siempre!
Posteriormente incorporé material de apoyo a un
sexto sentido, que permitiría englobar todos los elementos
del programa: El Sentido Común. Esto fue hace veintidós
años. Ese es el tiempo que tengo de haber dejado de
fumar. A raíz de esa decisión mi vida cambió radicalmente.
Durante estos últimos veintidós años
me fijé la misión de ayudar a otras personas
a dejar de fumar. Lo hemos logrado a lo largo de estos años
con muchos fumadores, incluyendo familiares y amigos, así como
amigos de mis amigos, entre los que hay médicos, deportistas,
ejecutivos y toda una gama de personas de uno y otro sexo a
quienes hemos ayudado con mí programa de desintoxicación
y abandono del tabaco, que con el tiempo, como indiqué antes,
llegó a denominarse el Método de los Seis Sentidos.
Posteriormente formamos un grupo, con exfumadores que habían
tomado el programa original, con quienes compartimos todas
nuestras experiencias e ideas. Todos han brindado su valioso
apoyo al programa y hemos logrado perfeccionar el método
con la ayuda de todo el grupo y las inapreciables experiencias
individuales de cada uno.
Así fue como creamos la FUNDACIÓN POR UN MUNDO
LIBRE DE TABACO, (FOUNDATION BY A FREE WORLD OF TOBACCO).
Esta es pues mi historia y el relato de la forma como nació y
se perfeccionó el Método de los Seis Sentidos.
Atentamente,

Donald Monsanto - Diciembre 2005 |